sábado, 8 de abril de 2017

El Último Goya

"Si falla este, ganamos". Recuerdo claramente esas palabras, justo antes del último tiro penal cobrado por el rival en aquella final del Clausura de 2004. Palabras acertadas, casi de profeta, que me dijo mi viejo amigo Ricardo. Dicho y hecho, se consumó el yerro y los Pumas salimos campeones después de 13 larguísimos años en los que se gestó una hermosa historia de verdadera pasión (término utilizado en exceso que muchas veces lo convierte en lugar común), y una añeja y sólida amistad que si bien trasciende esta genuina afición que tenemos por el Club Universidad, en torno a éste fue que vivimos grandes momentos memorables.

Ese año de 2004, tan memorable para los que nos gestamos como Pumas desde niños, hoy día sería más o menos la mitad de vida aficionados que llevamos, la cual inició formal y conscientemente en el año de 1991, con el campeonato con un Universidad como debe de ser: niños enérgicos y talentosos y  con sólo  dos Pumas de corazón que por azares del destino no fueron hechos en CU.
En ese año fui por primera  al Estadio Olímpico Universitario, en el primer encuentro contra el rival de aquella final del 90-91, pero en el torneo 91-92. Fue inesperado, ya que los Pumas jugaban los viernes por la tarde (el mejor horario que ha habido) y poco antes de la hora de la salida en la escuela, mis amigos que entonces eramos una palomilla más grande, iban a ir al estadio y yo moría de ganas de conocerlo. Por suerte, llegaron mis dos padres, y mi mamá se fue con mis hermanos y mi papá nos llevó a CU con toda la bola. Yo no cabía de emoción... apenas nos estacionamos en el E-8, yo me bajé  del coche y me eché una Goya solito y no podía esperar más para entrar. Entre todos los amigos, esa vez también estaba Ricardo.  Esa tarde, como niños, queríamos desfogarnos, apoyar a los Pumas, vilipendiar al rival y al árbitro y a quien fuera: con nuestras voces infantiles, de unos siete u ocho años, acordábamos gritar algo al unísono y entonces contábamos...

¡Una, dos, tres!... y no nos atrevíamos.
¡Ahora sí, ahora sí...! ¡Una, dos tres!... Y nada.
Después de varios intentos, por fin nos salió:
¡Una, dos tres: ¡Pinches putos del américa!

Sólo recuerdo que todos nos voltearon a ver, con risas y gestos de aprobación, y yo estaba entre orgulloso y apenado.

¡Árbitro, quítate el brasier! y otras cosas más gritábamos en nuestra pueril e incipiente afición.
Desde entonces fuimos asistentes muy asiduos a CU y a otras plazas para echar Goyas para apoyar a nuestros queridos Pumas.

Esa tarde perdimos 2-3, pero fue el principio de un largo recorrido que, tristemente, terminará este domingo en el EOU. Como adultos, las responsabilidades y compromisos son mayores y hacen que todos tengamos nuevos proyectos. Ricardo, con su hermosa familia, se mudará fuera de nuestro país porque es lo mejor para sus intereses. Es por ello que, como parte de nuestra amistad y como algo fundamental y representativo es que somos Pumas, por lo que iremos este domingo a CU, juntos por última vez, a ver a nuestros Pumas, a cantar el himno, y al terminar el partido, echar nuestro último Goya juntos.

Y es que durante este tiempo vivimos muchas cosas en torno a los colores de la Universidad... las anécdotas son innumerables: cuando una vez se metió un perro a la cancha y Campos lo perseguía, otro día en el que juramos que un helicóptero y un avión casi chocaban justo arriba del estadio, y muchas más. Otra memorable es que uno de esos viernes, el partido ya había acabado y estábamos en el estacionamiento esperando a los otros niños que faltaban (los papás se turnaban para llevarnos a los partidos) y habían jugado contra el Tampico Madero. Entonces nos acercamos a la puerta del maratón, y alguien del equipo visitante nos dijo que pasáramos a su vestidor. Entusiasmados, corrimos y lo que menos nos importó fue ese vestidor ya que velozmente recorrimos el túnel y salimos muy felices a la cancha. No lo podíamos creer, corríamos como desbocados, tiramos penales imaginarios a la portería sin red, yo corté algo de pasto para tenerlo como recuerdo, fuimos al vestidor de los Pumas y aunque no entramos, conseguimos el autógrafo de Tiba y del Dr. Chun Ga (Médico del club de entonces, que efectivamente era idéntico al personaje del Güiri-Güiri). Cuando salimos, el papá en turno nos dio una tremenda super regañiza porque tardamos mucho y no sabía dónde estábamos. Eso fue lo que menos nos importó, ya que fue una experiencia increíble.
En tiempos de prepa, con el pretexto de un trabajo escolar, y como escuela incorporada a la UNAM, entramos como "reporteros" a la cancha todo el partido y un sin fin de anécdotas que circularán por este blog, el cual, por cierto, tiene su nombre porque mucho tiempo, la dinámica era, antes del partido:

 -Ricardo, ¿Dónde nos vemos?... 
-Nos vemos en las astas.

Él no sólo es aficionado al futbol, sino que también era un gran jugador. Hijo de investigadora de la UNAM, jugó por muchos años en Pumitas y después en el representativo de la UNAM. Pocas personas conozco que lleven tatuado el puma en el pecho como él, y que sabe --sabemos- que ser Puma implica y va mucho más allá de un simple equipo de futbol. Esto es un estilo de vida, y aunque aficiones de otros equipos piensen que con ellos es igual o no, no me importa, los que somos Pumas de cepa, sabemos que implica no sólo apoyar a un equipo y disfrutar sus encuentros, eso es sólo una parte mínima de lo que representa ser Puma: Honestidad, tenacidad, perseverancia, trabajo duro, preparación en todos los ámbitos de la vida y una serie de valores que los que sólo le van a los Pumas no tienen, y que quienes SOMOS Pumas lo comprendemos y practicamos. Y de mi amigo Ricardo, aprendí mucho de ello. Compartir esto con él es sumamente importante y siginificativo para mí. Incluso, como mencioné, términos tan simplones como "pasión", "locura", "aguante" son viles lugares comunes que quedan muy chicos con respecto a lo que para nosotros representa ser Pumas de la UNAM.

Cerraría esta entrada con un Goya escrito, pero lo dejo pendiente para mañana, como epílogo, colocar el video en el que entonaremos juntos, en CU como en los viejos tiempos, nuestro Último Goya...